"Somos un gobierno que inaugura sueños" Cristina Fernandez de Kirchner

Rodolfo Walsh

Rodolfo Walsh
"Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El Terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el Terror. Haga circular esta información".

miércoles, 9 de junio de 2010

"Las cebras de Gaza"



de David Segarra


"Entrevista a David Segarra, periodista de TeleSur superviviente de la masacre del Mavi Marmara"
“Israel nos ha hecho sentir el apartheid que viven los palestinos desde hace 60 años”
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=107462

lunes, 7 de junio de 2010

200 años de periodismo. De La Gaceta a la ley de medios



Eduardo Blaustein
eblaustein@miradasalsur.com

Si en 1810 la Revolución de Mayo se dio, entre otros factores, como batalla contra el monopolio comercial español, doscientos años después la disputa antimonopólica es otra. Volvieron también los lenguajes jacobinos, en un curioso giro de la Historia. Hitos, continuidades y rupturas en dos siglos de periodismo argentino: del Facundo de Sarmiento a Arlt, de Walsh a la dictadura, y de allí a la blogósfera.

Paradoja bicentenaria, con algo de forzada: si el nacimiento de La Gaceta en el Año 10 tuvo mucho que ver con el proceso de una prensa europea nacida como “tribuna de doctrina” de las burguesías en ascenso –disparador retomado en la fundación del diario La Nación–, el jacobinismo que latía en los viejos escritos de Mariano Moreno está de regreso, con otros modos. Sucede doscientos años de periodismo después, en un escenario de polarizaciones y trincherismo. Contra buena parte de las virtudes que se adjudica la moderna prensa libre –objetividad, neutralidades, reproducción fiel de la realidad, defensa de los intereses ciudadanos– hoy se verifica un curioso giro de la historia construido, según de qué actor se trate, entre destemplanzas, manipulaciones, dicotomías feroces y un mínimo envoltorio de corrección política diseñado para enmascarar los intereses que se defienden.
La historia argentina en términos de publicaciones, periodismo, periodistas e industrias culturales es riquísima y da para el regocijo. Tiras de nombres posibles: Moreno, la generación del ’37, Alberdi y el joven Sarmiento, ese librazo de nuevo periodismo que es el Facundo, así como lo es Una excursión a los indios ranqueles de Mansilla. El Mosquito y la vieja Caras y Caretas. Las publicaciones anarquistas o las de las colectividades inmigrantes. Y Arlt y Crítica y González Tuñón y el Horacio Quiroga que colaboraba en La Nación (como José Martí, desde el Norte). Y más adelante Scalabrini, Jauretche, Selser. Todo Walsh y el diario de la CGT de los Argentinos. Y las plumas admirables de La Opinión, Enrique Raab entre tantas. La ardua búsqueda de un periodismo a la vez masivo y revolucionario en Noticias. Para hacer stop en los ’70: el espanto de la prensa en dictadura.

Pioneros. Los nombres tienen su peso pero acaso importen más los contextos históricos y culturales. Los señalaron bien Aníbal Ford y Eduardo Romano cuando hablaban del proceso alfabetizador e integrador de un potente sistema educativo público como generador de públicos preparados, ávidos de lecturas. Argentina fue siempre pionera primero en el desarrollo de sus industrias periodísticas, luego radiales, luego televisivas, finalmente en términos de penetración del cable (por años tuvimos mayor desarrollo que varios países europeos) y del uso de internet.
Si se trata de los viejos años del periodismo escrito, todavía en los ’70 nuestro país duplicaba el promedio de consumo de diarios y revistas en América Latina (182 diarios por cada mil personas, contra los 80 por mil de la región). Llegaron más tarde crisis, retrocesos, transformaciones culturales y un ciclo de decadencia: la circulación de diarios bajó un 40% entre los ’70 y el ’90. De 2 millones (1970) a 1,2 millones de ejemplares (1990), pese a un crecimiento poblacional del 50 por ciento.
Octavio Gettino señaló en sus trabajos sobre industrias culturales que en los momentos históricos en los que se registró una mejor distribución de la riqueza se dieron los picos máximos de producción y venta de publicaciones, libros o películas. Si se trata de la circulación de revistas, en 1973 se tiraban 233,8 millones anuales de ejemplares, con 337 títulos. En los ’40 y ’50 sólo las revistas de historietas editaban unos 70 títulos y 1,3 millones de ejemplares. Hacia 1973 la editorial de Dante Quinterno tiraba 800 mil ejemplares. En 1991, ese mismo rubro de las historietas se había reducido a 270 mil ejemplares. Más de un semanario de interés general hoy puede darse por satisfechísimo si vende 20, 30, 40 mil ejemplares.
La explosión de la televisión, el cable e internet explican sólo parcialmente el descenso. La era mutó; asistimos al estallido de lo visual, los tiempos de los “cansancios de lectura”, la imposición de textos cortos virando a tontos, las lógicas del infoentretenimiento, el impacto, el vértigo sin sentido, la banalización, la espectacularización. Si es por la función de industrializar el miedo, habrá que transigir: tal como lo describe la historiadora Lila Caimari en su libro La ciudad y el crimen. Delito y vida cotidiana en Buenos Aires 1880-1940 (Sudamericana), el género policial y esa lógica inherente de temor al Otro ya gozaban de buena salud en el siglo XIX. En los años ’30 la crónica roja circulaba en diarios leídos por capas ilustradas de la población. Otros añadirían con razón que, a su vez, esos géneros no fueron más que el reciclado de viejas tradiciones populares.

Otro mundo, otras voces. Lo demás es sabido: la era de la concentración mediática en todo el mundo y en nuestro país también. Las inequidades –el recorte de derechos– en el acceso a la producción y la emisión de información y cultura. El gran cambio que se está registrando no sólo en Argentina sino en buena parte de nuestro continente, en términos de crítica de la comunicación establecida y construcción de otros sistemas posibles, habla de una vitalidad social perdida en los países centrales. En todo el mundo se habla de fenómenos de degradación, pérdida de credibilidad y de penetración de los medios que no obedecen sólo a nuevas pautas de consumo ni a la aparición de las nuevas tecnologías. Termine como termine el proceso de judicialización de la Ley de Servicios Audiovisuales, el debate generalizado ya forma parte de un proceso cultural fantástico, de una nueva conciencia social y de nuevos modos de resistencia cultural.

http://sur.elargentino.com/notas/200-anos-de-periodismo-de-la-gaceta-la-ley-de-medios

miércoles, 2 de junio de 2010

Hoy en la Manzana de las Luces



Norberto Galasso - Néstor Gorojovsky- El general Leal y Alfredo Calcagno

domingo, 30 de mayo de 2010



Discurso de la Presidenta con motivo del Bicentenario del Ejército Argentino

Muy buenos días a todos y a todas.

Señor general Jefe del Ejército; señores oficiales; hombres y mujeres que conforman nuestro Ejército Argentino y también saludo a los miembros de las otras Fuerzas Armadas presentes y representadas por sus jefes, en el día de la fecha.

Es cierto que, tal cual lo señalaba el señor Jefe del Ejército, como Presidenta de la Nación soy Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y que es esto un altísimo honor, ser Presidente y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Argentinas, como también es un honor para él, ser Jefe del Ejército Bicentenario.

Pero yo quiero permitirme, en estos doscientos años de los argentinos y del Ejército Argentino, desprenderme un poco de esa condición, si es posible, del honor de ser Presidenta para hablarle hoy a todos ustedes desde un lugar que nos es común a todos y que tal vez sea superior a los honores, que es el orgullo de ser ciudadanos argentinos, con uniforme o sin uniforme, pero con el orgullo y la pertenencia de ser argentinos.

En estos días del Bicentenario, hemos vivido jornadas históricas y memorables y no puedo menos que compartir las palabras del general Pozzi, de lo que fueron estos doscientos años, de gloriosas victorias y también de amargas derrotas.

El otro día, el 25 de mayo, en ese desfile de los argentinos, de la historia de los argentinos, uno puede identificar claramente cuáles fueron esas gloriosas victorias; lo puede interpretar y codificar a partir de la propia actitud de la gente, cuando en el pase que significó conmemorar el cruce de los Andes, una de las más grandes glorias y victorias que podemos tener los argentinos, se cantó la Marcha de San Lorenzo como nunca en mi vida la había oído cantar; casi que se gritó.

La misma alegría, la misma gloriosa victoria, también se vivió en el paso del Éxodo Jujeño que rememoraba la gesta de ese grande que fue el general Belgrano y que, consolidando el frente Norte en la guerra cuando el imperio colonial permitió la victoria y el Cruce de los Andes, sin él y sus batallas de Salta y Tucumán, junto también a las batallas de los infernales de Güemes, tal vez hubiera sido imposible.

También vivimos esas victorias gloriosas cuando en un suceso muchas veces escondido de nuestra historia como fue la Vuelta de Obligado, el entonces brigadier Juan Manuel de Rosas, le impuso una derrota a los imperios más importantes de la época atravesando con cadenas el río y reafirmando la soberanía nacional sobre nuestros ríos, héroe que también muchas veces está escondido en la historiografía oficial pero, que sin duda, ha contribuido a celebrar las grandes victorias de los argentinos.

Luego vinieron las sombras o las amargas derrotas. No quiero hacer hincapié sobre ellas, porque todos las conocemos y las sufrimos, pero tal vez, podamos encontrar un hilo conductor entre las unas y las otras que puedan explicar a ambas. Y se me ocurre que, tal cual lo señalaba el General en su discurso, el hilo conductor de amargas o de gloriosas victorias, fue cuando sus Fuerzas Armadas, en este caso el Ejército, se constituyeron en el brazo armado de la Nación.

Cuando San Martín cruzó los Andes, no los cruzó con los dirigentes políticos, inclusive muchos de ellos se oponían desde Buenos Aires, los cruzó con el pueblo; cuando Belgrano mandó quemar Jujuy, lo hizo su pueblo; cuando Güemes con sus soldados, mal vestidos y casi con harapos, custodiaba la frontera del Norte, eran el brazo armado de la Nación junto al pueblo. Pudimos construir nuestras victorias más importantes cuando la Nación fue eso, por sobre todas las cosas pueblo, dirigida también por quienes tenían el honor de ser su brazo armado. Y cada vez que ese brazo armado confundió su rol y se separó de su pueblo, hubo amargas derrotas.

Yo creo que este es el aprendizaje que tenemos que hacer todos en estos 200 años de historia. Tal vez, en el desfile algunos no hayan percibido en el último, en lo que significaba el presente y el futuro, donde muchos vieron solamente a nuestros chicos de guardapolvos con sus computadoras, que había también allí un inmenso radar que se está construyendo, junto con nuestras Fuerzas Armadas, en el INVAP, radares para aviación civil y militar, que nos van a constituir en uno de los pocos países que va a construir sus propios radares.

Allí estaba el símbolo, entre otras funciones, de lo que este Ejército del Bicentenario y estas Fuerzas Armadas del Bicentenario, deben cumplir en estos próximos 100 años: el respeto irrestricto a la Constitución, el rol importante que deben tener en el desarrollo de la industria nacional. Porque cuando también desfiló esa carroza que simbolizaba el desarrollo de la industria nacional, no debemos olvidar que en ese momento de la historia también nuestras Fuerzas Armadas tenían un protagonismo absoluto en el desarrollo de esa industria nacional. Esta es la gran interpretación que tenemos que hacer de estos 200 años.

Por eso, no organizamos un parque de diversiones ni una kermés, organizamos una conmemoración de nuestra historia, como decía el general Pozzi, con nuestros claros y con nuestros oscuros, con nuestras victorias y con nuestras derrotas. La historia siempre enseña que la virtud de cada uno de nosotros como ciudadanos está en entender y en aprender.

Y créanme que estoy absolutamente convencida -absolutamente convencida- de que toda la sociedad, de que todos los argentinos, los de uniforme y los que no llevamos uniforme, hemos aprendido y hemos entendido.

Por eso, señores integrantes del Ejército Argentino, en su cumpleaños número 200, ¡Viva la Patria! (APLAUSOS)

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