"Somos un gobierno que inaugura sueños" Cristina Fernandez de Kirchner

Rodolfo Walsh

Rodolfo Walsh
"Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El Terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el Terror. Haga circular esta información".

miércoles, 26 de octubre de 2011

Eh, tú, muerte: yo soy el último que habla / Por Norberto Galasso



El 25 de mayo del 2003, al asumir la presidencia de la Nación, Néstor Kirchner apareció en el escenario político nacional como un `presidente inesperado` a quien tocaba presidir `una Argentina destruida` por sucesivas desgracias: genocidio, frustración, traición, entrega e ineptitud.
Venía de haber sido intendente de Río Gallegos y de nueve años como gobernador de la provincia de Santa Cruz. Pero venía también de una militancia juvenil enarbolando la bandera de un mundo mejor.

Muchos no reparamos, entonces, que ardía en él el fuego del compromiso, un espíritu de lucha indeclinable, la decisión de remontar las olas procelosas para llegar a puerto, importándole poco las formalidades de los exquisitos de las instituciones, que le reclamaron inmediatamente no hacer reuniones de gabinete, andar por la Casa Rosada con el saco desabrochado o juguetear con el bastón de mando en el momento mismo de asumir como presidente.

Ahora que ha muerto se hace luz, para todos, el altísimo grado de compromiso que marcaba su conducta, verdadero ejemplo ante tanto político acomodaticio que sólo aspira a los halagos del poder.

Néstor se la jugó olvidándose de sí mismo. Se la jugó desde los tiempos en que confrontaba con Menem, y se la jugó desde que asumió el gobierno imponiendo el "castigo a los culpables" de la represión, no sólo con la anulación de la Obediencia Debida y el Punto Final sino bajando los cuadros de los dictadores, convirtiendo a la ESMA en Museo de la Memoria, depurando la Corte Suprema de Justicia, pagando la deuda al FMI para poner fin al monitoreo imperialista sobre nuestra economía, y también participando con otros líderes latinoamericanos en el hundimiento del ALCA, en la reunión de Mar del Plata, en diciembre del 2005.

Además, repolitizó el país, poniendo el conflicto en el centro de la polémica, actitud que muchos -desde su incapacidad para entender la historia- le criticaron por "crear el conflicto", como si el conflicto no fuese insoslayable en una sociedad donde existen clases sociales con fuertes desigualdades.

También reconvirtió un sistema de valorización financiera por otro de acumulación productiva provocando una fuerte baja en la desocupación, en la pobreza y en la indigencia.

Asimismo, impulsó la consolidación de dos pilares fundamentales para el cambio y el progreso social: la intervención del Estado y el protagonismo de los trabajadores a través de la CGT.

Por su lucha recibió críticas e injurias, maldiciones -incluso-, pero no cejó. Y su vocación por lo popular y por lo nacional fue reconocida por las mayorías de la Argentina, que si le habían otorgado sólo el 22% de los votos al Frente para la Victoria en 2003, llevaron ese apoyo al 45% en 2007, a través de la candidatura de su esposa Cristina Fernández.

Pero no siempre lo biológico acompaña la fuerza espiritual que dinamiza la militancia. Su organismo le hizo saber varias veces -y los médicos fueron severos en la advertencia- que corría peligro.

Podía, entonces, haberse replegado en el sur, inclinarse al “consenso” que predicaba la oposición y que era, en buen romance, abandonar los cambios y paralizar la marcha iniciada en el 2003.

Rechazó ese camino, quiso ser "genio y figura hasta la sepultura", confrontativo, militante, indetenible, siempre en la pelea, infatigable en la polémica con los conciliadores y traidores.

A pocas horas de una grave cirugía estaba en un acto político en el Luna Park, en su puesto, como desafiando a la muerte, con aquella vieja certeza de trascendencia de León Felipe: `Eh, tú, Muerte. Yo soy el último que habla...`.

Y prosiguió las giras y los discursos, peleándole a la reacción, palmo a palmo, para abrir camino al 2011. Murió, pues, en su ley, y dejó un ejemplo de conducta militante.

http://www.telam.com.ar/suplemento/35/nota/607/

jueves, 29 de septiembre de 2011

“Nuestra Presidenta es un ejemplo, es sabia” - León


"Nuestra Presidenta es un ejemplo, sabe muchísimo, está todo el tiempo instruyéndose", destacó Gieco al tiempo que aseguró que la mandataria "es una de las personas que más ha evolucionado en estos años en el país".
http://www.telam.com.ar/nota/2747/

jueves, 15 de septiembre de 2011

Times elogia modelo argentino/UNESCO distinguió a abuelas en Francia



Argentina’s Turnaround Tango

ARGENTINA may seem like one of the last countries on earth to offer lessons for dealing with economic malaise. Once the eighth-largest economy in the world, it steadily slid through the 20th century, thanks to decades of repressive dictatorships and inconsistent market experiments. This ended ignominiously in 2001, when it defaulted on $100 billion in sovereign debt, plunging over half its 35 million people into poverty.

That, at least, is the Argentina people know. Since then, it has performed an economic U-turn — an achievement largely unnoticed outside Latin America, but one that President Obama and Congress should look to for inspiration.

Argentina is not without problems, but its recent economic record speaks for itself: the economy has grown by over 6 percent a year for seven of the last eight years, unemployment has been cut to under 8 percent today from over 20 percent in 2002, and the poverty level has fallen by almost half over the last decade. The streets of Buenos Aires are choked with cars as Argentines are on track to buy some 800,000 new vehicles this year; the wine mecca of Mendoza is full of high-end tasting rooms, hotels and restaurants offering regional haute cuisine; and plasma TVs and BlackBerrys have become household staples among the urban middle class.

Argentina has regained its prosperity partly out of dumb luck: a commodity price boom has vastly benefitted this soy, corn and wheat producer. But it has also prospered thanks to smart economic measures. The government intervened to keep the value of its currency low, which boosts local industry by making Argentina’s exports cheaper abroad while keeping foreign imports expensive.

It then taxed those imports and exports, using the money to pay for a New Deal-like public works binge, increasing government spending to 25 percent of G.D.P. today from 14 percent in 2003. As a result, the country has 400,000 new low-income housing units, as well as a long-delayed, 235-mile highway between the northern cities of Rosario and Córdoba.

It has also strengthened its social safety net: the Universal Child Allowance, started in 2009 with support from both the ruling party and the opposition, gives 1.9 million low-income families a monthly stipend of about $42 per child, which helps increase consumption. Because the amount depends in part on how often the child attends school, it is also likely to improve the country’s long-term educational performance.

The results have also paid off politically: President Cristina Fernández de Kirchner recently won about 50 percent of the vote in an open primary against nine other presidential candidates.

Why have Argentines embraced bigger government? In part because the preceding era showed how poorly austerity measures — the sort now being pushed by conservatives in the United States — promote growth. In the late 1990s, Argentina cut government spending drastically on the order of its lenders at the International Monetary Fund. Predictably, between 1998 and 2002, Argentina’s economy shrank by almost 20 percent. It was only after Argentina turned its back on these austerity demands, and defaulted on its debt, that it began to recover.

Of course, Argentina is far from perfect: the import and export taxes have scared away some foreign investment, while high spending has pushed inflation well over 20 percent. There are also problems with the way Argentina is run: corruption, government opacity, authoritarian tendencies, confiscatory taxes and a temptation to tweak unpleasant inflation statistics. And it would be laughable to suggest that the United States follow its lead and default on its debt.

But Argentina still offers valuable lessons. For one thing, extreme cost-cutting during a stagnant economic period will only inhibit growth. And government spending to promote local industry, pro-job infrastructure programs and unemployment benefits does not turn a country into a kind of Soviet parody. It puts money in the pockets of average citizens, who then spend it and spur the economy. Spending cuts need to be made when times improve — an imperative Argentina is struggling with now — but not before.

Argentina is hardly a perfect parallel for the United States. But the stark difference between its austere policies and low growth of the late 1990s and the pro-government, high-growth 2000s offers a test case for how to get an economy moving again. Washington would do well to pay attention.

Ian Mount is the author of the forthcoming book “The Vineyard at the End of the World: Maverick Winemakers and the Rebirth of Malbec.”

http://www.nytimes.com/2011/09/02/opinion/argentinas-turnaround-tango.html

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